Hay una gatita callejera, uno de mis soportes y madrina, que entra a la casa o llega a la puerta a pedir comida y pasar tiempo con uno, que agradece apoyando su frente en la mano… y dando caricias.
Es duro para una gata vivir en un área en que hasta los árboles del cementerio se han perdido durante la pandemia, no hay muchos animales pequeños y siguen tirando animales o se siguen reproduciendo…
Gracias a todos los que me han dado alimento para la gatita, sin nombre, igual que el último que tuve…
Discover more from La Bitacora de Samuel Suiri
Subscribe to get the latest posts sent to your email.